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Isely Ravelo Rojas

Con Martí a flor de labios

Sobre la obra de Martí y esta experiencia de la autora

Isely Ravelo Rojas6 min
Con Martí a flor de labios

«Los libros no se escriben», me dijo la bibliotecaria de la primaria un día. Después la frase se hizo axioma y seguí sorda a esa idea. Yo marco mis libros, los subrayó sí. Siento que es un modo de decir: «pasé por estas páginas», «esta frase me gustó y me importa, quiero recordarla». Así que mi libro Martí a flor de labios, de Froilán Escobar González y publicado por la Casa Editora Abril en 2009 está todo marcado, con tinta roja.

Podría hablar maravillas de este título; es el Martí más humano que me han contado, fue con este libro y con las Cartas a María Mantillaque me prendí a Pepe, como las enamoradas adolescentes. Si en las clases de Historia me lo hubiesen descrito así desde el principio... En fin, prefiero que ustedes valoren el libro a través de lo que dice Cintio Vitier en el prólogo:

«Este libro es un suceso prodigioso. Después de la vida y la obra misma de Martí, no conozco otro semejante, y solo le reconozco un antecedente, que es el testimonio de Marcos del Rosario recogido allá por los años cuarenta.

Pero el testimonio que ahora nos presenta Froilán, es el de los niños que conocieron a Martí cuando pasaba por la pobreza y la pureza de sus vidas, de sus ojos bien abiertos para siempre, caminando los montes de Baracoa hacia la muerte, dejando en el silencio de su memoria una huella que Froilán, peregrino a su vez sobre las huellas del Diario de campaña, ha tenido el arte —esa "forma del respeto", que dijera Martí— de resucitar íntegra y encarnada como imagen en el habla raigal que le corresponde. Son los niños que vieron y siguen viendo a través de los ojos ancianos como a través de un cristal de vivo aire que es el habla nativa de sus lugares aislados, vírgenes, de su intemperie bravía, inspirada, alta»

De Martí y sobre él se ha escrito muchísimo, textos más o menos apegados al mármol y a la "piedra fría" al decir del cantautor, también más o menos apegados a su humanidad. Sin embargo, lo singular de Martí a flor de labios es que los recuerdos se comparten tal cual, en el habla común de un campesino, hoy anciano, que se cruzó con Martí cuando era un niño.

El libro está dividido en nueve partes: «A Martí cierro los ojos para verlo», «La pobreza irradiante», «Blas, Gonzalo y la niña», «El lugar se llamaba Vega de la...», «Mañana salimos de la casa de José Pineda», «Ella es Caridad Pérez y Piñó», «Luis me levanta del abrazo», «Salen a vernos los Thoreau» y «Rosalío va y viene» y en la última página hay una aspiración de esas que uno dice: "¿Que hubiera pasado si...?

«Que si yo tengo siquiera quince años, ese día no matan a Martí, porque yo lo vi cuando él venía en el caballo y era muy fácil que cogiera el monte. El español peleaba en el camino, en los claros y eso; en el monte, no. Y yo vi a Martí que venía y le metí un tirón del brazo a mi mamá, pero como ella estaba aterrillá del miedo de que nos mataran a todos, me jaló más duro a mí. Si yo llego a tener quince años ese día, no lo matan, porque yo cojo y lo meto en el monte, en la manigua, y pasa el fuego y se van los españoles y él se queda vivo. Pero el piquete que había aquí se dio cuenta de que era Martí y por eso lo mataron».

 

Para el buen «escuchador»

 

Iba apurado y curioso

por las lomas y los trillos

se frotaba los nudillos

el joven Martí gozoso.

Preguntón y silencioso

«voz tierna, de hombre decente»

el recuerdo de la gente 

humaniza su figura

y saca de la envoltura 

sensibilidad latente.

 

Los libros que me conmueven

yo los marco porque sí

me pasó pues, con Martí

a flor de labios. Me llueven

razones que si se atreven

a salir en poesía

escribiré todo un día

de Pepe «el escuchador»

y que nazca del lector

comprar en la librería.

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