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Barbarella D’Acevedo

Cuerpos de agua

Sobre la experiencia de la autora en una residencia literaria en El Salvador.

Barbarella D’Acevedo5 min
Cuerpos de agua

En el Teatro Nacional de San Salvador, me sorprende el mural que adorna el interior de la cúpula. Pintado por el artista salvadoreño Carlos Cañas exhibe a varias mujeres, algunas cubiertas por túnicas, aunque la mayoría desnudas, de pechos abundantes y fantásticas cabelleras que, por su forma de levantarse sobre las cabezas, semejan más bien pelucas, a ratos coronadas de flores.

Las figuras centrales parecieran todas, en sus poses, asomarse a escena, listas para la representación. En un segundo nivel, en cambio, empiezan los juegos del agua: brota en manantiales de los cuerpos femeninos que se entrelazan en la obra. También es diáfana la evocación del fuego, como representación del carácter volcánico de esta tierra. La fuerza de la naturaleza se instala con goce en la pintura.

Interpreto el encuentro con la obra como una sincronía que me hace pensar otra vez en lo que me ha traído a este país: cuerpos líquidos, sensualidad, matriz… La vida representada a partir de la fuerza de un elemento. He venido a esta residencia a escribir un poemario basado en la espiritualidad y los dioses del agua para celebrar la herencia de mis ancestros, la herencia africana que todavía pervive en los pueblos otrora colonizados de América. Dicen que todo lo que somos empezó en el mar, y que el mar, todavía en el presente, continúa siendo un misterio. Somos cuerpos de agua. 

Me seducen los mangos que aparecen como parte del conjunto, mangos de las mismas proporciones que los seres que se desnudan en la pieza. Insinuación sinestésica; lo voluptuoso de los sabrosos frutos alude a la fertilidad también. Las imágenes de Cañas van a obsesionarme por un tiempo... Azules, grises, y rosas predominan en la pintura que a ratos se ilumina asimismo con naranjas, marrones y granates.

El pintor, en su autorretrato, es el único hombre en la obra. Una aureola bizantina le otorga aire santo, aunque esto es quizá un guiño, en tanto se erige taumaturgo sí, pero del ambiente profano que evoca. Algunos dicen que en el mural aparecen todas sus amantes. Yo me pregunto: ¿hasta dónde llega la realidad y en qué momento empieza la ficción en el arte? Sonrío al pensar que un artista, más allá de su obra, siempre genera el morbo de las adivinanzas.

Nos cuenta también el guía del museo que el creador junto a sus alumnos culminó su labor mientras sufría toda clase de malestares físicos, ya que el trabajo, con indudables retos a nivel corporal, lastró su salud: Cañas no se bajaba de los andamios ni siquiera para almorzar, sino que le subían la comida… Su esfuerzo quedará como anécdota. El saldo para la historia es el de una representación invaluable. 

Cierto es que el mural resulta quizá demasiado moderno, para el Teatro Nacional, joya arquitectónica de estilo neoclásico francés, con detalles renacentistas, rococó, y art noveau, cuya construcción data de 1917, pero justo me fascina esa discordancia, el desafío a cualquier pronóstico, la sorpresa...


El guía nos ha mostrado los distintos espacios que conforman el inmueble, declarado Monumento Nacional en 1970: la Gran Sala María de Baratta, espacio principal, que resguarda la cúpula con la pintura, nombrado en honor a la compositora, investigadora y primera mujer etnomusicóloga en El Salvador, que rescató la música precolombina y el folclor nacional. También el Teatro de Cámara, y una Pequeña Sala, para obras más breves o de menor montaje. En lo que antes fuera un Café Teatro de ambiente bohemio, hoy se erige un Starbucks, señal de los cambios no siempre venturosos, que ha tenido El Salvador en los últimos tiempos. Ya en el primer recorrido del aeropuerto al hotel, noté el parecido de esta tierra y la mía: El Salvador es un poco Cuba, con anuncios lumínicos, un universo paralelo donde confluyen pobreza y capitalismo feroz. 

El culto a la personalidad ha sido instaurado también en el lenguaje de esta nación. El guía emocionado menciona la toma de posesión de Nayib Bukele, y su salida desde el palco presidencial hasta al balcón para saludar a las multitudes. Yo, hija de un país latinoamericano que otro líder carismático y su herencia han conducido hacia la oscuridad a lo largo de los años, no puedo evitar sonreír.

También se menciona el espacio de lactancia concebido por la primera dama Gabriela de Bukele, quien ha implementado más de cien salas similares a lo largo del país bajo la premisa de la Ley Amor Convertido en Alimento… Más allá de las manifiestas buenas intenciones, de propiciar un espacio digno para que las madres alimenten a sus hijos, me pregunto si no obra como trasfondo de semejante proyecto, la censura conservadora y perenne ante el cuerpo femenino. Contrastan la realidad y el arte: mientras la santa maternidad protege (y oculta) sus incómodos misterios tras los muros, las mujeres concebidas por Cañas con sus pechos afuera, dadoras de vida y placer, miran a todos con indiferencia desde el domo.


*Fotografía por Herberth Aguilar 

Comentarios (4)

  • Lidice
    17 sept 2026, 2:38

    Genial

  • Diane
    16 sept 2026, 12:48

    Lo amé

  • Herberth Aguilar
    15 sept 2026, 23:53

    El enfoque es maravilloso. Me gusto un monton.

  • Octavio Castillo
    15 sept 2026, 13:00

    Me encantó 🙏🏻