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Barbarella D’Acevedo

El santuario en el lago

Sobre el lago de Ilopango y las divinidades del agua

Barbarella D'Acevedo5 min
El santuario en el lago

Todo comienza a los pies de El Salvador del Mundo cuando confieso…, mientras, otros celebran los juegos de luz navideña alrededor de la fuente. Después pido tiempo para estar un momento sola y entender. O no. En realidad, todo comienza antes, en la mañana, cuando visitamos el Lago de Ilopango, otra caldera volcánica activa, que provocó uno de los desplazamientos mayas en San Andrés, antes de la reconstrucción de esa Acrópolis que visitamos.

Recorremos el lago en una lancha azul, artesanal… Dejamos atrás el pequeño faro del parque Apulo. Paramos primero en la Isla del Amor, de cima escarpada y difícil acceso, dado que se han roto los escalones…

En tiempos de los pipiles se sacrificaban doncellas en este lago… El abate Esteban Brasseur de Bourbourg, en “Un viaje a los Estados de San Salvador y Guatemala” registró la leyenda: Tlaloc era adorado como dios de la lluvia y su mujer Xochiquetzal, conocida también como Matlalcuaya, o a la señora del vestido azul, participaba de sus honores. La villa de Xilopango —xilot significa grano de maíz tierno—, y su templo, se encontraban cerca del lago con el mismo nombre, dedicado a la diosa. En la época de la cosecha de maíz, cuatro mujeres jóvenes miembros de familias nobles, a las que se vestía con traje de fiesta y coronas de flores, eran conducidas por los sacerdotes en sus atuendos ceremoniales a las aguas del sacrificio: las muchachas se precipitaban desde la cima de una roca. En los tiempos en que se había difundido la noticia de la conquista de México, una de estas jóvenes se rebeló al decir que el acto provocaría la ira de los dioses y logró salvar su vida… Para recordarla, hace apenas unos años fue colocada en la Isla del Amor la escultura de la Doncella Rebelde de Xilopango, diseñada por Salvador Llort y calada en hierro por Massimo Brugnolaro. Sin embargo, en nuestro recorrido pasamos sin verla. Se nos oculta, como La Gran Campana de San Andrés…, cual si solo nos fuera dado habitar el misterio a medias; aventuro que quizá no estuviésemos preparados.

Todo el lago de Ilopango es un santuario donde han sido sumergidas, entre fumarolas activas y paredes de lava, imágenes de hasta tres metros de la Virgen de Fátima, la Virgen de Guadalupe, la Virgen de los Dolores, y el Cristo Redentor, además de un rosario gigante. La Virgen de los Dolores es la guardiana de la caldera volcánica, patrona del cercano Cantón Dolores Apulo, y se celebra cada 15 de septiembre en un recorrido nocturno en lanchas donde los locales escoltan la imagen mientras portan antorchas encendidas. También el lago ha sido sede de rituales de sanación y purificación recientes como el temazcal, baño de vapor ancestral, donde se combina la tradición maya con prácticas espirituales más recientes. Apulo significa en náhuat: “Lugar que se hunde en el agua”.

Después llegamos a la Isla de los Pájaros o los Patos, la más grande, que cuenta incluso con una pequeña playa y un bosque. T y H se quedan atrás, para comprar unos cocos y yo disfruto el paisaje. En el momento exacto en que abrazo una ceiba, sin querer empiezo a llorar. No en vano la ceiba ha sido desde siempre árbol sagrado que une el inframundo al cielo… Miro al lago y mis ojos no soportan tanta agua. Luego, cuando mis compañeros me alcanzan, me coloco las gafas porque no quiero que se me note nada, e insistiré todavía en sonreír sin abarcar la magnitud del suceso.

Al acabar el paseo me siento enferma. Me mareo en el viaje de regreso al hotel y ni siquiera consigo almorzar antes de mi taller. Retorna a mi mente la inscripción del cartel que vimos antes en el baño: “Si vomita pagará cinco dólares”.

T va a preguntarme más tarde sobre el momento exacto del llanto, para ubicarlo, ubicarme…

Todo comienza sí en el Lago de Ilopango, aunque tal vez empezó mucho antes en un sueño, apenas días antes del viaje…

Soñé con mi ciudad inundada. Yo iba a lanzar un libro de alguien más, y llegaba T. Lo abracé con tanta intensidad que perdí el papel donde llevaba escrita la presentación. Él iba a esperarme. Yo tuve luego que salir y el salón del evento quedó vacío. Llamé a mi jefa y ella me advirtió que todo se suspendía por una marejada… Entonces empecé a buscar un edificio alto. Caminé todo el rato con la sensación del mar a mis espaldas, a punto de desbordarse por encima del muro. Tenía sed. Y no lograba reconocer el paisaje, la ciudad. En algún momento hablé por teléfono con T, le pedí que se quedara a salvo y no se preocupara, que sino en esta, en otras vidas íbamos a volver a vernos, que nuestras almas sabrían encontrarse. Y lo expresé con paz, sin miedo ni tristeza. Pero nos habíamos visto antes y después de la inundación volvimos a hacerlo… Repetí todo el rato: “Olokun, Olokun, Olokun”. El sueño fue una promesa.

Aquí he sido incapaz de soñar, quizá porque todo lo que pasa en la realidad adquiere connotación de sueño.

 

 

Comentarios (1)

  • Octavio Castillo
    27 oct 2026, 18:55

    Buenísimo