Dianelis Morejón
Emociones fragmentadas
Querido amigo, hoy visité una exposición. Quería que supieras. Quería que, de alguna forma, pudieras estar aquí conmigo. Fragmentos de Isla, de la artista Amalia Morales. La Nave Galería, La Habana, 2026

Querido amigo:
Creo que estas letras no serán lo que esperas. Quizás anhelabas otro tipo de mensaje, pero hoy vengo a desahogarme. Sí, tocaré ese tema que evadimos desde que te marchaste. Me imagino que ya intentas adivinar de qué se trata. Imagino también tu entrecejo arrugado mientras te rascas la nariz con curiosidad. Ha pasado algún tiempo, pero estoy segura de que te conozco lo suficiente para saber que cuando leas esto te dejaré con el corazón estrujado.
Viajar para mí no solo es el acto físico de trasladarte de un sitio a otro, casi siempre lejano. Me atrevo a agregar que para cada cubano es mucho más que eso. Hoy mis dedos se desgastan de cansancio porque no hay nada más doloroso que las despedidas tras un viaje, tal vez porque no sabemos si la vida nos permitirá regresar.
Hace unos días fui a la exposición de arte de Amalia Morales Borges, una chica que conocí hace unos meses en una excursión. La presentación era su tesis de culminación de estudios en San Alejandro, llamada Fragmentos de Islas. Proyecto culpable de que decidiese hablarte de esto y no de mi viaje a Canasí.
Fragmentos de Isla es una obra de tres piezas donde la autora explicaba que más que piezas aisladas era un camino espiritual, sentimental y de rescatar la memoria colectiva. La historia detrás de la partida no solo de su padre sino la de personas que al igual que ella, viven a la espera de un rencuentro.
Para la primera obra, Tierra firme, usaba objetos que pertenecieron a cubanos emigrantes para hacer un jardín, no solo devolver estos al suelo patrio, sino para darle un lugar a la existencia de una memoria material de la cual muchos de nuestros seres queridos se despojan al marcharse de la Isla. Muchos objetos pertenecientes al padre de la artista, quien es su mayor inspiración tras años sin verle, entre otros donados por familiares y amigos de emigrantes. Desde relojes, mechones de cabellos o una fotografía son la raíz de las Diez del día, planta usada en la pieza. Me pareció curioso porque según Amalia estas plantas son muy comunes en muchas casas cubanas, pero en otros países son confundidas con maleza y son cortadas, siendo una analogía perfecta, ya que muchas de estas personas que deciden partir sufren a diario discriminación y xenofobia. Para la artista, la pieza tras un mes expuesta y recibiendo cuidados tenía dos posibles finales, que cada planta floreciese o que muriesen. ¿El resultado final? No podemos controlar la naturaleza como tampoco el rumbo de cada una de estas personas cuando deciden armar una mochila e irse. Para mí fue un salto en el tiempo. Fue verte marcharte una y otra vez. Ahora tras años de ausencia me pregunto si volverás a pisar tierra firme, esta isla que te espera. No te miento, no encontrarás tu casa como la dejaste, pero los pasillos siguen oliendo a café.
La segunda pieza: Silencios. Tres peceras de agua que nacieron de conversaciones que la artista recopila en su diario tras hablar con su padre. Una obra que para ella hace referencia a una isla sumergida. Los textos que florecieron luego de estas conversaciones fueron grabados en el fondo de las peceras, y es trabajo del observador descifrar lo que pone en ellas, también por eso adquiere este nombre. Por los silencios, por las cosas que no decimos para quizás no añadir más sufrimiento a la distancia, a una lejanía que desarma.
La tercera pieza es Fragmentos de Isla. Un diario que recopila el proceso creativo de la artista y el sentimiento de lejanía y nostalgia tras la distancia con su padre. Es, además, el testimonio de su proceso creativo que según Amalia funciona primero desde la literatura canalizándolo a través de la escritura para así armar la imagen visual del proyecto. Fragmentos de isla es el puente entre las raíces de un espacio que se deja atrás y esa orilla a la que intentamos llegar para sentirnos más cerca de aquellos que se fueron. Acercarse es difícil. Cuando lo intentamos se desprenden de nosotros los anhelos, preguntas sin respuestas, recuerdos y todos esos sueños que parecen imposibles.
La obra en sí es un camino espiritual y transitar en ella le dio otro significado a mi forma de ver la distancia y a la manera en que tengo guardada en cajas tus recuerdos para que no me hagan llorar. Despedirse es fácil, lo difícil es lo que ese mero acto deja enraizado en los corazones porque nadie sabe qué pasará. Al igual que la naturaleza, los caminos son impredecibles. Pero hay algo que si podemos controlar y es lo que hacemos con lo que se deja, con lo que se elige recordar. Hay muchas formas de viajar, morir es incluso una de ellas, pero la lejanía es más cruel que la muerte. Cuando se muere se tiene la certeza que ese ser amado jamás regresará, sin embargo, la distancia es una asesina lenta. Te envenena en silencios y dudas, sin darte un final claro mientras vives de expectativas.
Viajar es tan hermoso como cruel, tan libertad como cárcel.
¿Quién es el prisionero? Yo, que siembro árboles en tu nombre para darle un lugar a tu ausencia en esta tierra, o tú, que anhelas abrazarme y tu orilla no te permite volar.
Perdóname, pero se acabaron los silencios.
Con anhelo, tu vieja amiga.
Exposición: Fragmentos de Isla
Artista: Amalia Morales
Curaduría: Aluan Argüelles
La Nave Galería, La Habana, 2026
Fotografía cortesía de la artista
Comentarios (2)
- Ana Laura Rodríguez25 sept 2026, 13:50
Que preciosa manera de describir este sentimiento tan común entre nosotros.
- Octavio Castillo25 sept 2026, 13:31
Imposible no emocionarse leyendo esto.