Entrevistas
Entrevista para Andy Jorge Blanco. Las bondades de Morir un poco.
Entrevista al escritor y periodista cubano Andy J. Blanco.
María Karla Larrondo González

Hay personas que dentro de sus propósitos tienen el de describir el mundo, descifrar el misterio a través de las palabras. En esta ocasión me acerco a un colega que aun no conozco en persona, pero aprovechar las bondades del internet, es un recurso que nos agiliza mucho la vida.
Andy Jorge Blanco, matancero, escritor y periodista, estudió al igual que yo en la Facultad de Comunicación, pero no tuvimos la oportunidad de coincidir, no obstante, quise conocer un poco más de su obra, de sus procesos creativos, de él, en sentido general, y le pedí una entrevista.
Andy… ¿el periodismo por necesidad o por vocación?
Llegué al Periodismo por “casualidad de los números” y por vocación también, por supuesto. Digo “casualidad de los números” porque mi primera opción de carrera era Lenguas Extranjeras y luego estaba Periodismo. Por suerte de la vida, quizás, salí mal en la prueba de ingreso de Matemática y me llegó Periodismo. Recuerdo que algunos profesores y padres de mis amigos me decían que las cosas suceden por algo y que esa siempre fue mi carrera. Puede que hayan tenido razón. Yo dudé hasta el último momento cuál carrera poner primero en la boleta, pero una prueba de ingreso decidió mejor jajajaja. Creo que estuve muy cerca siempre del Periodismo. De niño veía los noticieros con mi abuelo, leía el periódico y transcribía algunos textos. Veía a periodistas en la televisión y me imaginaba haciendo lo mismo. Así que, sí, creo que por vocación, algo que se fue reforzando a medida que iba estudiando la carrera y me di cuenta que aquello me encantaba.
Eres de Matanzas y estudiaste en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, ¿Cómo te recibió La Habana en tu primer año de la carrera?
El choque de llegar con 19 años solo a La Habana a estudiar fue fuerte para un provinciano como yo. Como es normal cuando te mudas tienes que aprender muchas cosas de cero, aunque estés en el mismo país. El proceso de adaptación llevó su tiempo. Tuve que aprender a independizarme, porque aunque desde el preuniversitario estuve becado, llegar a La Habana a vivir completamente solo era otra cosa. Sin embargo, La Habana fue una ciudad que me conquistó desde el primer momento, desde el primer año de la carrera, y la fui, con el tiempo, haciendo también un poco mía. Lo sigue siendo hoy.
¿Cuánto tiene el Andy de hoy de la Facultad de Comunicación?
Poco, tal vez. Ahora tengo más canas jajajajaja. Claro que soy una persona muy distinta a la que estudió en la Facultad de Comunicación. Es normal. Uno crece, aprende, tropieza, vuelve a levantarse y sigue andando. Te das cuenta que la vida profesional es distinta a la utopía que se siente a veces en la universidad. El tiempo y el ejercicio de la profesión obviamente te cambian, yo espero que haya sido para bien. Sin embargo, puedo decirte que si algo se mantiene intacto de quien fui durante mis años de estudio en Fcom es que sigo siendo la misma persona en cuanto a mi forma de ser y a la fidelidad a mis raíces. Amigo de mis amigos y consecuente con quien he sido siempre. En un mundo donde prolifera tanto el odio, creo que sigo siendo un hombre bueno, como digo en un poema. Intento serlo porque creo, con total seguridad, que un periodista debe ser, ante todo, buena persona porque se necesita cierta dosis de sensibilidad; aunque siempre uno se tropieza por el camino con excepciones, claro.
Por otro lado, creo que sigo siendo el mismo Andy inquieto, curioso, que le sigue pareciendo más enriquecedor escuchar a los demás que hablar uno, que sigue sintiendo la misma pasión por conocer las historias de los otros, sus dolores, sus alegrías, y poder contarlo. Sigo sintiendo la misma adrenalina cuando investigo algo, cuando descubro. Y, como aprendí en Fcom y luego sentí ejerciendo el Periodismo, me siguen atacando a traición las mismas ganas incontrolables de reportar y estar en el terreno cuando sucede algo de último minuto. El mal del Periodismo.
¿Cómo llega la escritura?
Desde la carrera, por supuesto. El Periodismo es una forma de escritura, es contar la realidad. Se suele separar con una barrera súper marcada, yo no sé por qué, el Periodismo de la Literatura, a veces como si fueran enemigas cuando en realidad van dadas de la mano. O si no, veamos la obra de Wolfe, Truman Capote, Hemingway, el Gabo, Leila Guerriero, Casciari, el propio Padura, tantos más. La escritura llegó desde mis primeras notas informativas, mis primeros reportajes, entrevistas, crónicas. Siempre sentí inclinación por contar, describir, narrar. Me gustaba casi que fotografiar con palabras lo que veía y luego llevaba al papel. Después en la carrera la asignatura de Técnicas Narrativas, impartida por el escritor Rafael Grillo, fue un parteaguas en mi manera de contar. Ahí descubrí que el Periodismo Narrativo, Nuevo Periodismo o Periodismo Literario era lo que yo quería hacer. Y ese tipo de periodismo, salvando la fidelidad a la realidad que debe tener, no dista de la Literatura. Ahí empezó todo.
¿Poesía o narrativa?
Ambas siempre. Cuando llevo tiempo sin escribir un cuento porque estoy, por ejemplo, enfocado en algún proyecto de poesía, siento la necesidad casi física de sentarme a escribir algo de narrativa. Y viceversa. Ahora, la poesía es algo que me asalta, es una suerte de epifanía. La narrativa llega con otro ritmo. Y las dos me son imprescindibles.
Eres egresado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, ¿qué puertas te abrió este centro? ¿cómo enfocaste tu escritura luego de graduado de este curso?
El Onelio no te hace escritor, pero te da las herramientas para serlo. Cómo lo logras es algo que depende completamente de ti, de cuánto aprovechas el curso y luego revisitas lo aprendido, de lo que lees. Entrar al Onelio fue también un sueño. En la casona de 5ta y 20 comencé a entrar al mundo de la ficción. Conocí a varios escritores y aprendí de ellos, de mis profesores, de mis compañeros del curso. Aprendí muchísimo. Y sentí también un temor duro, que es precisamente la duda de si uno es lo suficientemente capaz y tiene de verdad las herramientas para meterse en un mundo tan exigente como el de la literatura. Muchas veces sentía que no. Después de graduado simplemente me atreví, porque uno tiene que atreverse a hacer lo que le apasiona y le hace feliz.
Has tenido la suerte de publicar varios títulos, ¿cómo ha sido ese proceso editorial?
Bueno, el proceso editorial de cada libro es distinto. Teniendo en cuenta que mis tres libros publicados hasta la fecha no son de la misma editorial, pues son procesos distintos. Con los tres, la relación con las editoriales y todo el proceso hasta que se publica el libro ha sido excelente.
¿Cómo nace la idea de “La guerra no espera”?
La guerra no espera fue resultado de mi tesis de licenciatura en Periodismo. Desde primer año tuve a un profesor corresponsal de guerra que me dio clases y que se convirtió en mi familia con el tiempo y los afectos. El profe Roger Ricardo me inspiró, sus anécdotas como corresponsal de guerra en Nicaragua y en Angola, sus crónicas de la guerra, sus libros. Un día pensando en el tema de la tesis dije “voy a hacer un libro de entrevistas a corresponsales de guerra cubanos”. Así nació.
¿Cuán diferente es para ti el periodismo de la poesía?
Son dos maneras, dos formas distintas de escribir. Sin embargo, lo poético puede estar también en el periodismo, claro que sí, y la forma de contar-narrar-describir puede estar en la poesía. Y es curioso, porque hace poco en la presentación de mi libro de cuentos Morir un poco, el escritor Rafael Grillo dijo algo que yo mismo no me había dado cuenta. Él decía algo así como que en los cuentos del libro se nota más lo poético que lo periodístico. Mientras que en mis poemas, creo yo, se ve ese tono cronista, fotográfico y narrativo del Periodismo, algo un poco acorde a lo que se conoce como la poesía de la experiencia. Así que sí, son dos formas distintas de contar, pero si practicas ambas a veces es difícil que no beban la una de la otra.
¿Cómo y por qué nace ''Ciudades con nombre de mujer''?
Tenía un grupo de poemas escritos y comencé a tomarme en serio la idea de preparar un libro con ellos y con otros que fuera escribiendo. Cuando creí tenerlo listo empecé a mandar el manuscrito a varias editoriales y un día me llamaron de una editorial de Valencia, España, que habían leído el libro y querían publicarlo. Le conté a Alexis Díaz-Pimienta la noticia y me tomé el atrevimiento de preguntarle si él podía editarlo y hacer el prólogo, sin ningún compromiso y antes de mandar el manuscrito final a la editorial. Habíamos coincidido muy poco y Alexis apenas me conocía. Por eso digo que me tomé el atrevimiento de hacerle esta consulta. Para mi sorpresa me dijo que lo leería y me decía. En pocos días me envió correcciones que acaté al pie de la letra y me dijo que haría el prólogo. Cuando lo tuve todo envié el texto definitivo a la editorial y comenzó el proceso hasta que se publicó el libro en marzo de 2025.
¿Cómo ha recibido el público internacional ''Ciudades con nombre de mujer''?
La verdad es que no me puedo quejar. Es mi primer libro publicado en España y ha sido recibido con mucho cariño en Sevilla, Málaga, Cádiz y Valencia, ciudades con nombre de mujer donde lo he presentado. Me he sentido muy dichoso. Recuerdo en Cádiz unos muchachos que se me acercaron y me dijeron que habían viajado desde Sevilla para ir a la presentación. En Málaga, una señora me entregó escrito en una servilleta algo que le había inspirado la presentación. O en Valencia, un hombre que estaba por azar en el café donde presentábamos el poemario y terminó interesándose por el libro. Esas son las cosas que me llevo.
Tras tu reciente Premio Celestino de Cuento, tenemos un nuevo título de tu autoría “Morir un poco”. Cuéntanos un poco de ese proceso, ¿qué guarda este libro?
Morir un poco es un conjunto de cuentos que abordan temas de la Cuba contemporánea, aunque obviamente, como dice el escritor Rubén Rodríguez, pertenecen “al manto protector de la ficción”. Habla de esas pequeñas muertes cotidianas como pueden serlo la soledad, los desamores, la emigración, los desencuentros, la dura vida de una persona que se prostituye, el abuso sexual infantil, la rutina diaria que puede llegar a ser asfixiante y qué desencadena eso… Es un libro doloroso por cierto que es. Sutil, contenido en la forma de narrar los conflictos que aborda, pero no por eso menos doloroso. Morir un poco refleja, en su mayoría, la dura realidad de la Cuba de hoy, pero creo que es -y con toda intención- un libro universalmente humano.
¿Cuál podrías decir que es la cualidad que debe tener todo escritor?
No es algo nuevo. Creo que todo escritor debe ser, primero que todo y antes de decidirse a poner la primera frase, un lector. Parece una obviedad, pero no se puede escribir sin leer. A mí me falta muchísimo por leer, y eso es bueno porque significa que me falta muchísimo por escribir. Uno aprende a escribir también leyendo, por ósmosis, diría una querida profe de la carrera. A mí me inspira mucho, sea el género literario que sea, cuando leo. Se me ocurren cosas, frases, lugares, personajes, inicios o argumentos para relatos, o un verso que después me da todo un poema. Por eso en parte me demoro mucho leyendo. Hay que leer e investigar de lo que vamos a escribir, sea el género que sea. Hay que vivir y sentir curiosidad, porque no se escribe dentro de una urna de cristal. Y como diría Hemingway, también hay que permanecer enamorado, que luego va uno por ahí malviviendo con cierta amargura. Y no debe haber cosa más triste que un escritor amargado.
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