Dianelis Morejón
Hasta un puerto abandonado
Una carta a un desconocido sobre un viaje que cambió a alguien para siempre.

Querido amigo,
Hoy te escribo desde el ruidoso asiento de un autobús rumbo a La Habana.
Espero que estas letras hagan justicia al tiempo en que he estado desaparecida, perdón, pero no era yo hace un tiempo atrás. No podía pretender escribirte y contar mentiras. Sin embargo, ya estoy mejor. La chica de antes vivía más tiempo anhelando cumplir sueños que en la materialización de estos. Quería viajar, pero ¿Cómo? Y... ¿a dónde?
Esas interrogantes y las negativas de mis respuestas me llevaron a pisar tierra firme, despojarme de mi pereza y hacer algo por mí. Dejar de posponer un viaje que siempre estuve deseando y no, no fue necesario hacer la maleta y despedirme.
Decidí ser más realista y acomodar mis sueños a la realidad en la que me encuentro. Quería salirme de mi zona de confort, reconectar conmigo y dejar un poco las pantallas que tan mal nos hacen. Asi fue como emprendí un viaje con un montón de desconocidos a Puerto Escondido. Tres días en la naturaleza, una mochila y repelente para mosquitos.
Hace tres días partí a una excursión con un proyecto llamado Maniweros. Estos prometían una experiencia de escritura inmersiva en la naturaleza, de la mano de un psicoterapeuta, donde la escritura no solo nos haría conectar con el paraíso que nos rodeaba, sino que era la herramienta que guiaría la expedición.
El viaje comenzó con imprevistos, Maniweros retrasados, algunos enfermos a última hora y con una chica que viajaba por primera vez, a punto del colapso por ansiedad. Nada que unos buenos consejos y el buen ánimo no solucionasen. Al final emprendimos el viaje de dos horas a los tres días más importantes de mi sanación como ser humano.
Aquel sitio que tantas veces vi en folletos de viajes era mucho más hermoso de lo que llegué a imaginar. El campismo ya no lo es, sus ruinas ahora son el hogar del calor, escombros y personas que deciden pasar sus días a la espera de que en algún momento aquel sitio vuelva a tener bailes y risas. Ahora es solo una caja de pandora que atesora el recuerdo de millones de cubanos que tuvieron la dicha de disfrutar de aquellos años.
Metros adelante se encuentra Flora y Fauna, Boca de Canasí. Un sitio protegido debido a su diversidad biológica. Ahí un grupo de técnicos y especialistas hacen lo posible por mantener vivo ese tesoro del litoral norte de la provincia de Mayabeque.
Teníamos un itinerario perfectamente estructurado por días.
El primero fue para acomodarnos, armar las tiendas, decidir con quién dormiríamos y conocernos mediante una dinámica. Veintiséis nombres que memorizar y un papel que nos invitaba a suponer a primera vista quien era la otra persona, para al final descubrir que en realidad eres mucho más de lo que vez cuando te miras en el espejo. Esto me hizo pensar que la mayoría del tiempo solo vemos nuestras carencias y mutilamos con negativas nuestras fortalezas.
Ese primer día fue magia y conexión inmediata. Me pareció curioso que tantos jóvenes con mundos tan diversos en nuestra mente fuésemos tan iguales, entender la imperfección, los miedos de cada uno para luego aplaudirlos fue el acto de sanación más bonito que he podido experimentar en estos años. Antes de darnos cuenta la tarde se ciñó con un cielo naranja y rosa que se escondía tras las montañas. Allí nació una fogata y las cuerdas de una guitarra que parecía calentar sola el agua para los famosos y más esperados espaguetis Maniweros. El postre fue Cazando Nubes, canción bajo las voces de Elitrizia, me hizo cuestionarme todo mi pasado. El tiempo que estuve anhelando sentirme libre por creer que una visa resolvería todos mis problemas cuando en menos de doce horas había experimentado la verdadera libertad en aquel sitio perdido entre las montañas, el olor del mar, la brisa fresca y la compañía de personas que al igual que yo estaban buscando el sentido de la vida.
Al día siguiente descubrí que no había sido víctima del insomnio y que comerme una galleta con fanguito saciaba más el hambre cuando lo compartías con las vivencias de otros. Que no hay agua dulce que refresque más las mañanas que aquel abrazo grupal luego de preguntarnos ¿Qué era la felicidad para cada uno de los presentes? Me sentí viva y amada. Sentí que existía, que aún me era posible respirar. De este día te puedo contar tantas cosas, pero no me alcanzaría la tinta, así que lo voy a resumir en lo más importante.
Subiríamos al Mirador El Encanto a ver la puesta del sol y luego haríamos una dinámica en la noche alrededor de la fogata. Y entre uno que otro chapuzón en el río y partidas de La aldea en cada rincón de Puerto, llegó la tarde y con ella el recorrido previsto. Noventa y seis metros de altura con respecto al nivel del mar se encuentra el Mirador El Encanto, cabe destacar que subir allá arriba es una odisea. Me faltaba el aire y para los alérgicos es recomendable no tocar la llamada planta Guao. Su resina puede mandarte directamente al hospital. En este viaje nadie paró es esas condiciones. Sí agotados y sudados, sin embargo, solo la vista y la historia detrás del nombre Puerto Escondido merece cada metro que subes.
Para ponerte en contexto, nos remontaremos a la época de la conquista española. Donde este nombre, Puerto Escondido, se debe a las elevaciones que lo rodean conocidas como La Vega y El Encanto. Desde el mar no se percibe el río, pues este aparece registrado desde el diecinueve de noviembre del mil quinientos sesenta y ocho. Y en los siglos XVI al XVIII Puerto Escondido fue frecuentado por piratas y corsarios que aprovechaban la geografía del lugar, oculto por las montañas, para esconderse de las autoridades españolas. El descuido de estos llegó a tal extremo que los piratas crearon una base pirata oficial utilizando sus aguas para reparar sus embarcaciones, esconder tesoros y desarrollar comercio clandestino, en fin, un escondite perfecto.
Cuando fueron descubiertos, los españoles cerraron el río con una cadena de extremo a extremo. Hoy se encuentra hundida en las profundidades de este, testigo de la rica historia del lugar.
Del mirador regresamos tarde, ya estaban cocinando y preparando la fogata para esta vez quemar los barcos y no hablo de barcos en el sentido literal de la palabra sino, en quemar unas cartas. Escribimos dos, una que sería quemada. En ella soltarías aquello que pesaba y otra donde perdonabas a alguien que te causó daño, la primera iría al fuego y la segunda fue una sorpresa. La catarsis que nos hizo comer entre sollozos.
La segunda ronda de cartas fue una explosión de emociones, esta sería entregada a otra persona que debía responderte como el destinatario. Recuerdo cartas que marcaron mi corazón y me recordaron a ti, como la que algunos les escribieron a sus padres ausentes, otras a Dios, agradeciéndole a la vida por ese momento y pidiendo perdón por a veces no saber cómo vivirla. También estuvo esa carta a un amor que lo fue todo, pero necesario dejar ir para poder avanzar. Tantas confesiones entregadas para ser respondidas terminaron siendo el escenario de una conexión poderosa. Lo divino estaba allí, presente, y era la esperanza de que aún se puede amar, que la sensibilidad humana aún está latente, que aún hay aliento sincero para el mundo. Se abrieron corazones y cerraron heridas. Esa noche el fuego lo confirmó y las estrellas fueron testigo de que el amor es el escudo para todos los males que nos aquejan.
Recuerdo que esa noche dormí temprano, pero antes observé desde la ventana de mi tienda la Luna, nunca la había visto con tanta mesura. Era llena, blanca con unas pocas manchas y brillaba tanto que opacaba el sueño que me vencía. Todo el cielo estaba repleto de estrellas y seguro si hubiese sabido más sobre ellas te contaría la historia de cada una de las constelaciones, pero no sé nada sobre astronomía y tú no estabas ahí.
El último día fue breve y triste. Se notaba en algunos rostros la nostalgia que ya visitaba los corazones sin habernos despedido. Muchos fueron a bucear, otras a una playa cercana, pero unos amigos que hice en el camino y yo fuimos a ver las famosas cuevas que se encuentran cerca del campismo abandonado.
Conocí La Cueva del Pájaro: esta es una gruta marina y su nombre se debe a las aves que anidan allí. Una cueva desde la que no solo observas a los pajarillos y sus crías sino también el pequeño eco de su canto que baila sobre los seis metros de profundidad del mar bajo sus alas. Un espectáculo para todo amante de las pequeñas cosas de la vida.
Al lado está la del Tiburón, que recibe su nombre por las formaciones rocosas que evocan la silueta del ya mencionado animal marino. Según pude investigar antes de escribirte, estas cuevas se formaron en calizas arrecifales del Mioceno y Pleistoceno, con procesos de mezcla entre el agua dulce y salada. Además de colapsos tectónicos y depósitos de arcilla residuales. Otro espectáculo desde el cual puedes disfrutar de un baño de agua salada entre piedras llenas de historia y el azul marino del océano. Sin contar que en la profundidad de sus aguas encontrarás una diversidad infinita de peces que me hicieron cosquillas en la punta de los pies.
Sentí de todo y las horas pasaron igual de rápido que la maratón de tu serie favorita. Ojalá hubieses estado allí, te encantaría el camino para montar a caballo o simplemente tomarles fotos a los tocororos, son mucho más bellos que los que veíamos en los libros de la escuela y sí, sus colores están más vivos que los de la bandera. Esa tarde me deleité tomando fotografías como una profesional porque sé que después querrás verlas.
Quise detener el tiempo como en las imágenes. No quería regresar a casa, pero llegó el autobús. Se sintió extraño que las personas que ese viernes se habían subido al viaje eran unos desconocidos y ahora se abrazan porque no quieren soltarse. Sin duda alguna hay lugares que te marcan y se llevan en la piel y en los huesos. Yo me quedo con las sensaciones, risas y ese abrazo grupal. Me llevo también las cartas y partes de las heridas de algún desconocido que tuve que sanar sin haber roto. Cargo en mi mochila piedras, caracoles, arena y una agenda con números de amigos y canciones recomendadas. Cuba se siente casa cuando la dejamos de ver por un celular, cuando dejamos de ver a los que la habitan y vemos más de cerca a los que la viven.
Ya no quiero viajar y despedirme, quiero cargar con una mochila de sueños no para atesorarlos sino para sentir en mi columna vertebral el gozo de la vida mientras camino. Espero que tú, querido amigo, te animes y vivas más.
Con cariño, tu vieja amiga.
Comentarios (10)
- Angel26 sept 2026, 16:23
Bellos recuerdos
- Beatriz25 sept 2026, 13:43
Gracias ❤️
- Ana Laura Rodríguez15 sept 2026, 18:19
Qué hermoso! Hace rato que quiero conocer Puerto Escondido. Ahora estoy más que convencida!
- Octavio Castillo13 sept 2026, 19:05
Hermoso 💚🙏🏻
- Mendhrey12 sept 2026, 16:22
Bonito viajar en el tiempo
- Rolo11 sept 2026, 22:05
Es genial poder saber como otros experimentan lo que para uno se vuelve "cotidiano", eso motiva a seguir encontrando Puertos Escondidos y conocer desconocidos!!!... Gracias
- amanda★11 sept 2026, 22:05
me alegro muchísimo de haber compartido ese maravilloso viaje, gracias por las infinidades de momentos, siempre los llevaré en el corazón❤️
- Ironwill.11 sept 2026, 20:50
Lindo regalo que le hiciste a todos con esto. 🫂.
- Diober Pérez11 sept 2026, 18:39
Me encantó por que me recordó los días que pase en ese campismo ahora derruido, tardes de buceo y otras innumerables experiencias. Hermoso
- Flor Carrasco11 sept 2026, 17:51
Me encanto una experiencia inolvidable llena de sueños realizados saludos desde la distancia 🫂🌹