Isely Ravelo Rojas
Juegos de la mala memoria y el verano
Sobre el libro De la mala memoria y el verano, de Nelson Simón.

De la mala memoria y el verano, de Nelson Simón, publicado por la editorial Letras Cubanas en 2008, propone una suerte de diario poético en la que el cuerpo, los entornos naturales y la noche pasan por el filtro de la memoria del autor sin perder pregnancia.
Este libro puede pensarse como la noche más larga, el verano más cálido o el recuerdo más fugaz. Precisamente, hay una construcción de significados en torno a la noche, que la presenta como el momento del día en el que todo es posible. El sujeto lírico propone viajar en dos dimensiones: un viaje explícito a través de lugares, países, sitios donde la naturaleza habla; y otro recorrido más poderoso, el viaje de la vida devuelto en recuerdos, amigos, amores y nostalgias. El poeta revisa el pasado sin juzgarlo, se deja llevar por el ejercicio memorioso y lo transforma en poesía.
En la contracubierta puede leerse: «el tiempo, la permanencia, la capacidad de la poesía para trascendernos, la fugacidad de lo vivido, la belleza son los motivos que mueven al poeta en su afán de perpetuarse en la memoria».
El cuerpo alcanza en el poemario una importancia capital: a veces en su sentido metafórico, otros bajo la mirada pragmática del deseo, en todos los casos, como un territorio para la contemplación y la belleza.
Un cuerpo no es un cuerpo.
Un cuerpo es aquello
que el deseo,
puso a brillar
—como piedra sangrante—
entre mis manos.
El autor sabe que la memoria es un terreno frágil y por eso escribe,para no olvidar. El propio título juega con ese binomio olvido-recuerdo. A la manera de un diario íntimo y sensorial, Nelson Simón invita al lector a viajar a través de su universo vivencial utilizando como pretexto las estaciones del año y lugares conocidos. Madrid, El Valle de Viñales, María La Gorda, Cayo Jutías no son en este libro meros destinos de atracción turística, todo lo contrario, son sitios para (re)pensar las experiencias, el tiempo, los amigos, los amores...
De la mala memoria... es un conjunto poético envuelto en la nostalgia de los días felices y en el pasado que se recorre como instantes captados en flash: discontinuos, fragmentados... Una fotografía que congela el instante y lo mantiene vivo más allá del tiempo.
La soledad es un zapato estrecho.
La lluvia y la memoria abren,
otra vez,
los caminos de ayer
y me dispongo a recorrerlos,
resignado.
Nelson Simón (Pinar del Río, 1965) es poeta, escritor para niños y editor. Cuenta con una extensa obra publicada en la que se destacan los poemarios Ciudad de nadie (Ediciones Loynaz, 1992 y 2008), El peso de la isla (Editorial Loynaz, 1994 y 2002), Con la misma levedad de un náufrago (Editorial Letras Cubanas, 1996) y A la sombra de los muchachos en flor, premio Julián del Casal 2000 y Premio de la Crítica 2001 (Editorial Unión, 2001 y 2002). Obtuvo la primera mención de poesía en el premio Casa de las Américas 2008 por el poemario In vitro.
En el plano formal, De la mala memoria y el verano exige desentrañar las lecturas múltiples que se esconden detrás de la brevedad del poema. En tres, cinco y casi nunca más de diez versos, el autor condensa un paisaje, un sentimiento o una sentencia filosófica. Entonces, se necesita audacia lectora para completar los espacios en blanco que ha dejado en cada poema.
Tanto bosque
en su mirada,
asusta.
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Todavía quedan sitios
donde no llega
el odio.
Hacia el final del libro, los poemas prescinden de la brevedad para alargarse en su extensión y ritmo, pareciera una elongación del tiempo y la memoria capaz de entrar en el universo de la palabra y la poesía. El sujeto lírico insiste en la permanencia de la creación poética, en la trascendencia de la palabra e invita al lector a reverenciarla.
Les comparto la décima de hoy a propósito del poemario De la mala memoria y el verano, de Nelson Simón.
Juego De la mala memoria y el verano
Juego de mala memoria
donde la noche hace nido
de recuerdo y de olvido,
de seres. Como la noria
(de la añoranza y la gloria)
rotan los días, componen
el tiempo, se superponen
entre lo bello y lo humano
y los ecos del verano
en la brevedad se imponen.
Cuerpos, permanencia, instantes
captados como una foto.
Lo oscuro es un manto roto
por días felices que antes
construyeron los amantes
entre el deseo y el viaje:
padece el olvido ultraje
y el pasado son versiones
que vuelven como visiones
releídas del paisaje.
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