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Isely Ravelo Rojas

La ternura de una Habitación con cielo

Sobre Habitación con cielo, del fotógrafo Héctor Garrido, devenido escritor.

Isely Ravelo Rojas6 min
La ternura de una Habitación con cielo

 

Habitación con cielo, del fotógrafo español, devenido escritor Héctor Garrido es una lectura rápida sí, pero profunda. Esta novela corta, XXIX Premio de Novela corta José María de Pereda, reconocimiento literario que otorga el gobierno de Cantabria, fue presentada hace apenas unas semanas en la sala Villena de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y explora con sensibilidad los pensamientos de una señora y su esposo, ambos adultos mayores; ella una escritora que nunca llegó a publicar sus textos: «que escribe para sí», diría Garrido, y que tiene una enfermedad degenerativa, mientras él la cuida. Se trata de una historia de amor ambientada en la Cuba actual, donde utilizando monólogos interiores de uno y otro personaje nos adentramos en los sentimientos y preocupaciones de cada uno alternando la voz narrativa.

El amor como tema central se irradia también al medio ambiente y la naturaleza. Sin ser una novela ambientalista o inscrita propiamente en lo que se conoce como nature writing, sí hay una intención del autor por resaltar el respeto hacia los elementos naturales y los seres vivos; en particular el mar, las aves y las plantas. Lo anterior cobra mayor sentido si tenemos en cuenta que Héctor Garrido tiene una historia de vida ligada a la naturaleza: durante veintisiete años Héctor Garrido ha trabajado en Doñana —uno de los Parques Nacionales más importantes de Europa— para el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España, compaginando la gestión del Banco de Imágenes de Doñana con los censos de aves aéreas en el Parque Nacional. Durante sus años trabajando para el CSIC, ha realizado el acompañamiento fotográfico de diversas expediciones, que le han llevado a trabajar y viajar por todos los continentes del planeta. Fruto de ello han sido múltiples publicaciones y exposiciones, siempre profundamente comprometidas con la conservación de la naturaleza y la salud del Planeta. Más recientemente fue el fotógrafo que documentó la investigación que rastreó la presencia del ADN indígena de nuestros primeros habitantes, en el ADN actual de los cubanos. La investigación liderada por la Doctora Beatriz Marcheco le valió a Garrido el Premio Nacional de la Academia de Ciencias de Cuba en 2023, en la sección Ciencias Sociales y Humanidades, por el proyecto y libro Cuba Indígena hoy: sus rostros y ADN. El autor recibió, también, el Premio Nacional de Periodismo Sostenible de Doñana (2008), el Premio Excelencias del Arte (2016) y la Medalla de la Ciudad de Huelva (2019). Tiene publicados 22 libros sobre fotografía y divulgación científica, entre los que se encuentran Fractales, anatomía íntima de la marisma y Cuba Iluminada (ambos Editorial Rueda, Madrid). Publica sus fotos con regularidad en revistas y libros de todo el mundo.

En Habitación con cielo, el mar es el espacio que le permite a la protagonista realizar un ejercicio de evasión de su inmovilidad, de esa realidad dolorosa en la que su cuerpo no responde y su conciencia continúa intacta. La sensorialidad de las imágenes descritas es tal, que por momentos, llegamos a escuchar el oleaje, el canto de los pájaros o sentir el sol de la mañana en la piel mientras el señor abre la ventana para que ella lo reciba. Paralelo a las descripciones naturales, al leer se advierte  la importancia que el autor otorga a la luz (su intensidad, color y propagación por el espacio), me atrevo a afirmar que es un tratamiento literario a la luz que solo es posible darla si el autor es fotógrafo, como lo es Garrido.

 

«Son todos los colores el gris. En él se contienen todos los que alguna vez llegaron a existir. Infinitas variaciones de gris han ido ocupando cada espacio vacío dejado por la ausencia de color. Y es que el cielo lechoso no permite la entrada de la luz del Sol. Sin sol no hay color, no hay sombras, no hay contraste. La luz no tiene una dirección, un desarrollo. Solo se expande en el aire denso y convulso. Choca contra sí misma en toda la bóveda y se ilumina (o parece que se ilumina, quizás pierde su luz, se ensombrece) permanentemente, sin plegarse a un ritmo, sin la razón del tiempo que, en consecuencia y una vez más, se presta a su propia ausencia».

 

«O sea, sí, hubo eclipse, pero nunca llegó a hacerse la noche. Hacía un día brillante de cielo azul, despejado y caluroso. Y poco a poco se fue apagando. Como te diría… Se tornó plateado, lechoso, como grisáceo. Un gris que lo inundó todo por un momento y que invitaba a la quietud. El contraste de las sombras fue desapareciendo y con él, los volúmenes. Era especial. Nada que ver con la luz de los días nublados, ni siquiera cuando está cerrado completo, encapotado. Otra luz».

 

Este interés y minuciosidad a la hora de describir la luz permite crear la atmósfera de soledad y aislamiento que envuelve a los personajes. Ellos dos son un mundo de ternura, compasión y amor que, cuanto más cerca están el uno del otro, más lejanos están de la sociedad.

En la novela los recuerdos de la vida en pareja se mezclan con reflexiones sobre la creación literaria, al tiempo que el autor evita la complacencia al exponer las vicisitudes del día a día en Cuba. El tono intimista de los pensamientos y la ternura entre los personajes, se contrapone a la crudeza de una realidad en la que deben vender muebles, discos de música, libros (los que no estén marcados) y todo cuanto les permita sobrevivir.

 

«No, no te preocupes que no te vendí los libros que tienen marcas. Recuerda que siempre los compruebo de uno en uno. Los que tienen papelitos, los aparto, por si algún día hacen falta. Yo sé que esos son los tuyos. Aún están ahí todos los que fuiste marcando, puedes estar tranquila».

 

Lo menos coherente de la novela, diría yo, es que en algunos pasajes (por fortuna pocos) el registro lingüístico de los personajes se descoloca, es decir ellos utilizan palabras que no usaría un cubano en su diálogo cotidiano; por ejemplo, leemos "lija de uñas" a lo que los cubanos llamaríamos "limita de uñas", "murete" cuando un cubano diría en su lenguaje cotidiano el "murito" o "quicio" de la acera. Casi seguro lo anterior se relaciona con que el autor es español, nacido en Huelva, Andalucía y si bien fue muy cuidadoso con la jerga cubana (Héctor Garrido lleva más de 10 años viviendo entre Cuba y España: dos hogares, uno por adopción, otro por nacimiento) es inevitable que se le escape uno u otro vocablo que viene de la cuna.

El final de la novela no lo voy a contar. Les dejo la provocación de encontrar la ternura en una habitación con cielo.

 

El alma de la ternura

vive en una Habitación

con cielo. En un refilón

saca su luz la escritura.

Fotos y amor a natura

todo en páginas se lee

y una mujer que no cree

ser poeta, ni lo aspira

en la novela respira

hasta que el mar lo desee.

 

La Habana, la realidad

cruda tiene su belleza.

Diálogo interior. Tristeza

honda. Y una enfermedad

que no conoce piedad

ata a un cuerpo. Y la frescura

del pensamiento procura

estar lozano e intacto,

mientras sentimos el tacto

del alma de la ternura.

 

 

 

 

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