Isely Ravelo Rojas
Soñar despierto o el libro de los asombros
Este libro me salvó de la desesperanza.

Aquel fue un día en el que nada tomó rumbo certero. Había hecho un viaje en vano para resolver una gestión también infructuosa. Hasta que entré a la librería de Obispo, como quizá muchos (y me incluyo), llamamos a la librería Fayad Jamís.
Allí encontré Soñar despierto, el libro donde Eliseo Diego (2 de julio de 1920 -1 de marzo de 1994) nos invita a encontrar en lo cotidiano, lo esencial, a mirar el mundo con ojos nuevos. Con ilustraciones de Rappi Diego (hijo del autor) y publicada en 2025 por la Editorial Gente Nueva, como parte de la Colección Biblioteca del Pueblo, la obra ofrece una percepción plena del mundo, inocente, si se quiere, un modo de mirar y nombrar las cosas con la limpieza de la infancia.
Como lectores, en Soñar despierto estamos en el deber, casi en la obligación, de descontaminar la mirada, hacer una pausa y observar lo mínimo, los detalles que la prisa pasa por alto: la lluvia, la hormiga, la gota de agua.
En el patio
La hormiga va de prisa
con una hojita prieta.
¿No es como una goleta
volando ante la brisa?
La hormiga va de prisa.
La ruta es dura y larga,
el mar es de cemento.
No pierde ni un momento
la hormiga con su carga.
La ruta es dura y larga.
¡Qué mala, mala suerte
si a la punta de vida
tu suela distraída
la vuelve un punto inerte!
Qué mala, mala suerte.
Bueno es soñar despierto
y ver, vuela que vuela,
la hormiga a toda vela
llegar por fin a puerto.
Bueno es soñar despierto.
En el libro Rappi Diego dice:
«Te voy a contar un poco sobre el hombre que escribió estos poemas», refiriéndose justamente a su papá, Eliseo Diego. Más adelante continúa diciendo:
«A lo largo del libro papá te irá contando cómo son las cosas que nos rodean, y has de estarte bien atento. Pues, ¿sabes tú lo que papá nos regaló? Nos regaló el asombro, esa capacidad de verlo todo como si fuera por primera vez, de disfrutar del mundo como si acabase de salir de la fábrica y oliera a nuevo».
En el poemario se siente un apego nostálgico a la niñez, la habilidad de revivirla como quien, aún adulto, no ha dejado de ser niño. Se repiten motivos comunes a toda la obra de Eliseo: la casa, el jardín, el patio y las marcas que establece el paso del tiempo (ayer, mañana, la noche, el día). En lo formal, la repetición de versos brinda sonoridad interna a cada poema y los espacios en blanco son modos de estructurar silencios propicios a la ensoñación; ese estado de atención-meditación en el que con ojos abiertos se llega al descubrimiento de lo que siempre estuvo ahí: animales, plantas, instantes.
Este libro se lo regalé a una niña que todavía no sabe leer, con la esperanza de que, siendo adulta, conserve y cuide la inocencia, la capacidad de asombro, que los trajines de adultos suelen llevarse de un manotazo sin darnos cuenta. Aquel día todo me salió al revés, es cierto, pero el libro me salvó de la desesperanza. Me cuenta la mamá de Lil (la pequeña a quien regalé Soñar despierto), que ella ama “El libro del gato”. Aún no sabe leer, pero me hace feliz el apodo que desde ya tienen esas páginas.
Aquí va la décima, a propósito del libro...
Salvarme de los escombros
de la adultez, de la prisa;
atarme como a una misa
Al «libro de los asombros».
Ver nacer sobre mis hombros
luz infantil. Un concierto
de detalles. Solo advierto:
Siempre hay más en lo que veo;
cada libro de Eliseo
es para Soñar despierto.
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